En dos horas uno puede asistir a una tediosa reunión de directorio o, si prefiere, bañar el gato con shampoo de belleza, secarlo y cepillarlo chiche bombón. Tantas cosas pueden hacerse en dos horas que ahora no se me ocurren, pero meterte al auto para cubrir el trecho que te lleva a la oficina -habitualmente en treinta minutos- y pasar por la tortura de dos horas a paso de hombre, en medio de un caótico embotellamiento es demasiado pedir.
Demasiado, digo, porque no hay excusa posible cuando por la falla de una -o dos, no importa cuántas- computadoras del Departamento de Operación de Sistemas, dependiente de la Dirección General de Tránsito de la Ciudad de Buenos Aires, quedó fuera de servicio la red de semáforos de todo el corredor norte de la Capital.
No vale la pena entrar en detalles para referir las circunstancias insólitas que desde las 9:30 horas hasta casi el mediodía fueron provocadas por la caída de un sistema que a confesión de los funcionarios del Gobierno de la Ciudad es obsoleto. Las zonas afectadas constituyen entre sí el corredor con más afluencia de tránsito hacia la city porteña, así que no hace falta imaginar los perjuicios que fueron ocasionados por 200 semáforos en amarillo intermitente. Cualquiera tiene derecho a pensar que si tuviéramos que evacuar Buenos Aires moriríamos apiñados como ratas.
A esa hora pico la Policía Federal, que otras épocas hubiera "remendado", aunque mal, el inconveniente surgido, brillaba notoriamente por su ausencia, para variar. Suele haber más agentes en un clásico de fútbol, para cuidar la integridad de los violentos "barras", que a la hora de prevenir la delincuencia y mucho menos el orden vehicular. Por el contrario, en las inmediaciones de Avda. del Libertador y 9 de Julio, sobre la mano contraria, dos patrulleros y sus consignas estaban estacionados departiendo amigablemente con otros dos motorizados en sendos cuatriciclos, en aparente posición de control aunque resignando su función. Tampoco la nunca bien ponderada Guardia Urbana se hizo presente para encauzar semejante batahola, a pesar de los ochocientos miembros púberes que ocasionalmente solemos ver en alguna esquina gracias al verde flúo de sus casacas y su patética vestimenta.
Cualquiera haya sido la causa para que el "obsoleto" sistema fallara -nunca en domingo, claro está-, y más allá de las suspicacias de índole política que algunos mal pensados suelen traer a cuento, la responsabilidad del suceso corre por cuenta del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, ausente en esta ocasión sin importar las disculpas de su titular Mauricio Macri, vaya liviandad. Y también, porqué no?... responsabilidad del Ministro de Seguridad, el Dr. Aníbal Fernández, tan afecto a relativizar las cuestiones que hacen a las fallas de su gestión, en este caso por la impericia o resignación de los agentes policiales que, se dice, fueron "desbordados" por el caos reinante, pobrecitos los agentes.
Otra más y van...

